DEL SENADO AL SANTUARIO: LAS PUERTAS DE LA CURIA JULIA

Empezamos la semana en la que vamos a conocer nuestro monumento romano del mes: la Curia Julia, y lo hacemos por sus puertas de entrada ¡vamos!
Pocas estructuras en Roma han visto tanto poder y decisiones clave como la Curia Julia, el edificio del Senado construido por orden de Julio César y terminado por Augusto. Pero si hay un elemento que simboliza su conexión con el pasado, son sus puertas de bronce, monumentales y cargadas de historia.
Estas puertas no son solo un acceso físico, sino también un umbral entre el presente y los días en que Roma gobernaba el mundo. Con más de cuatro metros de altura, fueron parte del edificio original hasta que en el siglo XVII el papa Alejandro VII ordenó trasladarlas a la Basílica de San Juan de Letrán, donde aún pueden verse hoy. En su lugar, en la Curia, se instalaron réplicas exactas para preservar la estructura original del Foro Romano.
La presencia de estas puertas en el Senado durante siglos las convierte en testigos silenciosos de debates políticos, conspiraciones y momentos clave como las reformas de Diocleciano o las sesiones en las que el poder imperial se consolidaba.
Su traslado a San Juan de Letrán es un reflejo de la transformación de Roma, de capital del mundo pagano a centro del cristianismo.
Hoy, al pasar por la Curia Julia, pocos imaginan que esas réplicas ocultan el peso simbólico de sus originales, que siguen custodiando uno de los templos más importantes de la Iglesia.
Así, el bronce que una vez protegió las palabras de los senadores romanos ahora guarda la entrada de una basílica papal. Un recordatorio de que en Roma, el pasado nunca desaparece, solo cambia de forma.